Reseña: Assassin’s Creed: Rogue

Assassins Creed fue planeado para convertirse en la franquicia que conocemos actualmente, la cual ha logrado cimentar su legado con un concepto más que interesante: contar y ligar grandiosas historias enlazadas por un linaje.

 

Ubisoft nos sorprendió, ya que nunca imaginamos ver dos juegos de la serie debutar el mismo día y con 12 meses de diferencia de Black Flag; pero no todo es miel sobre hojuelas, ya que esto trajo consigo un fuerte impacto, causando que Assassins Creed Roguese sienta como un producto muy planeado, que no se toma ni un solo riesgo importante en cuanto al gameplay.

Una oportunidad para ver el mundo tal y como es

Como es bien sabido, Ubisoft decidió enfocar todo su esfuerzo y tiempo en PS4 y Xbox One con Assassins Creed: Unity, pero claro, no dejaría escapar la oportunidad de generar ventas en la base de usuarios activos de PS3 y Xbox 360,es por eso que publicó Rogue.

Esta entrega luce muy bien la mayor parte del tiempo, aunque,por momentos, nos deja en claro que estamos jugando en consolas de la generación pasada. Sombras muy mal logradas, texturas de calidad baja ybugs constantes, opacan el increíble trabajo realizado con la apariencia del mar, lagunas, ríos, cielos y montañas.

Algo que sí es un enorme fallo es que se les haya pasado por alto la continuidad del tiempo, ya que, cuando finalizamos misiones a plena luz del día, al entrar la cinemática, mágicamente se hace de noche

Cuestionando el credo

En esta entrega nuestro protagonista es Shay Patrick Cormac, miembro novato de la hermandad de asesinos, quien obtiene un importante conocimiento que lo hace cuestionarse a sí mismo y su posición dentro del grupo, cambiando sus creencias y cazando a los que alguna vez consideró su familia.

La historia nos ubica en la Guerra de los Siete Años (entre 1752 y 1761) en el Norte de Estados Unidos y Canadá. Rogue funciona como un eslabón entre Assassins Creed IIIy Black Flag.

Después de vivir en la época dorada de los asesinos y la piratería, la trama de este juego toma una dirección más obscura y deprimente, donde la hermandad se encuentra al borde de la extinción y América a un paso de la guerra.

En los títulos anteriores vivimos en carne propia lo que es pertenecer a la hermandad y conocimos sus métodos para alcanzar cualquier objetivo. Estas acciones son sometidas a juicio por nuestro protagonista, quien decide cambiar de bando,pues su consciencia no lo deja seguir cometiendo actos atroces.


El juego hace un trabajo extraordinario al cuestionar todas las bases que han cimentado la saga. Sé que no es un cambio muy radical, pero es mucho más emocionante y divertido enfrentar rivales cuyo legado conocemos y no solo a los misteriosos enemigos que aniquilamos de manera regular.

La interfaz es una calca de la entrega anterior, y el combate, a pesar de haber sido refinado, se sigue sintiendo igual de bien con todo y sus defectos. Los combos lucen espectaculares, aunque en los duelos son muy poco fluidos. El excelente trabajo de animación de movimiento, complementa el buen trabajo.

En cuanto a los controles, composición de misiones principales y secundarias de Rogue, son una copia exacta de Black Flag.



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