Reseña - Assassin's Creed IV: Black Flag

Assassin's Creed IV: Black Flag es una bocanada de aire fresco a la fórmula que creó Ubisoft hace poco más de seis años; representa un vistazo a la historia de la colonización americana iniciada por Cristobal Colón y que llevaría al nacimiento de grandes capitales para el comercio: Habana y Santa Lucía. Nos abre los ojos hacia las relaciones diplomáticas y el gobierno, pero también hacia las más peligrosas tribus de todo el Caribe.

Assassin's Creed IV es una secuela perfectamente realizada y muy extensa que se centra en la libertad de su pintoresco mundo y en lo divertido que puede llegar a ser, deshaciéndose en el proceso de ese peso extra que, en cierto grado, hundió la ambiciosa pero desequilibrada aventura que presentaba su predecesor. La recreación de la Era Dorada de la Piratería de Ubisoft comienza en 1715, y es presentada en un proyecto que a primera vista luce relajado, pero que con el paso del tiempo desarrolla una de las tramas más maduras de la saga.

Reviviendo al Credo

Los Templarios La Hermandad se vuelven a enfrentar en esta aventura que pone como centro de la historia a Edward Kenway, un pirata avaricioso que de inicio no tiene más motivación que el dinero y un pequeño anhelo que ha venido guardando y fortaleciendo en cada uno de sus viajes.

Navegar a través del inmenso Caribe, explorar islas únicas y meterte en cualquier tipo de situaciones que sabes te acarrearán problemas y que podrás resolver a puños, con espadas o disparos, es lo que Ubisoft propone para esta nueva entrega de la ya conocida franquicia, y debo reconocer que en esta ocasión supieron elevarla a un nuevo nivel, aunque siguen alejados de la perfección. Sin exagerar, Black Flag me dio una de las experiencias audiovisuales más complejas y encantadoras en lo que va del año.

Piratas del Caribe

La secuela, protagonizada por el abuelo de Connor, fue construida sobre el vistoso mundo al que Assassin's Creed III nos introdujo, así que volvemos a encontrarnos con zonas donde prevalece la naturaleza, aunque con un toque más tropical y no tan boscoso, y los extensos mares donde los efectos de agua son impresionantes. La manera como se ubica la cámara cuando tu barco alcanza la máxima velocidad, el realista sonido del viento, y las puestas de sol con un toque rojo y anaranjado, son otros ejemplos de lo increíbles que son sus gráficas. Así también, el apartado sonoro no decepciona, regresa con lo característico de las entregas anteriores, ofreciendo una banda sonora de alto calibre hecha por un enorme compositor, se trata nada más y nada menos que de Brian Tyler, quien participó en películas de la talla de Iron Man 3 y Rápidos y Furiosos. Ambos apartados logran una sincronía del más alto nivel, capaz de transportarnos a la época en la que se lleva a cabo la acción.

Black Flag también aprende de uno de los errores de su predecesor, eliminando esas 10 largas y banales horas introductorias, ubicpandonos directamente en donde está la acción, con una primera misión naval bastante épica que logra transmitirnos la idea que la compañía desarrolladora tenía en mente. A partir de este punto, el mundo comienza a desenvolverse y nos permite vagar por sus vastos terrenos y aguas inexploradas. El tamaño del mundo de Black Flag es asombroso, y el hecho de que rebosa de actividades secundarias divertidas y excitantes, elimina la tediosa sensación de ir del punto A al punto B del que tanto nos hemos quejado a lo largo de estos años



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